Michael Longley, poemas (I parte)

Traducción Diego Alfaro Palma

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Los caballos

Para todos los caballos masacrados sobre el campo de batalla,
aterrados tropezándose en sus propios intestinos,
ahogados en el lodo el mejor homenaje bélico
está en Homero: dos caballos que se negaron a moverse
a pesar de las amenazas y adulaciones y fustas silbantes,
quietos como una tumba encorvaron sus cabezas
frente a las inmóviles y bellas carrozas,
cálidas lágrimas corrían desde sus párpados hacia la tierra
en duelo por Patroclo
su auriga, sus brillantes crines desmarañadas
bajo las almohadillas a ambos lados del yugo.

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El heladero

Pasas al ron, vainilla, caramelo, nueces, durazno:
Podías rimar los sabores. Eso fue antes
que asesinaran al heladero en el camino de Lisburn
y compraras claveles para ponerlas fuera de su tienda.
Yo nombré para ti todas las flores silvestres de Burren
que había visto en un día: tomillo, valeriana, salicaria,
filipéndula, orquídea, pata de cuervo, brezo, angélica,
geranio de San Roberto, mayorana, zecuta, drosera, arveja,
rosa del monte, germandrina del bosque, flor de cuclillo, estelaria,
aquilea, galio, bolsa de pastor, pimpinela del pantano.

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El velocípedo

Pasa por la ventana de mi pieza cargando una pala.
Ese Joseph Murphy, padre de cuatro pares de mellizos,
jinete, amante de los caballos, secretario del club de tiro,
si escondiera en su cabaña un folio lleno de poemas
no sería una sorpresa: considerando que su abuelo
peinaba la playa con un balde de mimbre y un palo
y fue el primero en construir un velocípedo en Thallabaun.
Con un paraguas y unas viejas sábanas improvisó
un paracaídas, se lanzó desde el techo del establo
y tras un breve vuelo terminó en el hospital.
Con muletas caseras y soltando todas las sogas
el abuelo de Joseph Murphy pasa por mi ventana. 

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Euriclea

I
Euriclea trajo un lavado, vertió en él agua fría,
Agregó agua caliente, lista para lavar sus pies.

Pero Odiseo se ocultó de la luz de las antorchas
Ella podría notar su cicatriz, la clave de su identidad,
una herida de ataque de jabalí, años atrás, un rasguño.
Su nodriza meció su pie en sus manos y tocó
la herida, y reconociéndolo soltó su pierna
estrellándose contra el lavado – agua salpicada,

Tal dolor y felicidad cubrieron sus ojos de lágrimas.
su vieja voz agrietada al chocar su barba le susurró
“tú eres mi bebé, de seguro, y no te reconocí
hasta que acaricié todo el cuerpo de mi amo”.

 II                                          

Como Odiseo comencé por amar a la mujer equivocada
desaparecida entre los rascacielos de Nueva York
después de errar por miles de años desde Ítaca.
Sola recuerda el bosquecillo, denso y crecido,
donde bajo un abono de hojas muertas se oculta el jabalí
 su columna erizada y ojos rojo-fuego y blancos colmillos.
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El lebrato

A mi nieto, Benjamín.

Esta es tu primera noche en Carrigskeewaun.
El Owennadornaun está poblado por la lluvia
Llegaste en el tractor de Paddy Morrison,
Un socavado atajo en los brazos de tu padre
Hacia la cabaña donde, hace un año,
Fuiste concebido, una semilla de fuego en el hogar.
¿Oíste el viento en la esponjosa chimenea?
¿Oíste el viento esta noche y la lluvia?
¿Y el ave costera trinando desde el arrecife de moluscos?
Mañana te presentaré al mar,
Pequeño hoplita. ¿Lo has extrañado?
Estacionaré tu coche junto a las rocas de las nutrias
Y te cargaré sobre las algas hacia el mar.
En el lago de David un pato con moño
Con su pelillo recién salido del cascarón, pompones
De un día y ya aprendiendo a bucear.
Nos encontraremos con el armiño cerca del errático
peñasco, una musaraña en su hocico, o el halcón merlín
cazando la bisbita pratense. Pero no tengas miedo.
El lebrato desayuna cada mañana
Bajo la fucsia y lo estaremos mirando.
He recogido flores silvestres para ti, la escabiosa
Y la centaura en un tarro de mermeladas lleno con agua
Esto inclinará y exaltará la luz del día.
Esta es tu primera noche en Carrigskeewaun.

Richard Brautighan – poemas

Patrick Caulfield (1936-2005), Pottery (1969)

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Selección del libro Lay the Marble Tea. Traducción de Diego Alfaro Palma,

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Soneto

El mar es como
un Viejo poeta de la naturaleza
que murió de un
ataque al corazón en una
letrina pública.
Su fantasma aún
busca orinales.
Por la noche se
le oye deambular
descalzo
en la oscuridad.
Alguien robó
sus zapatos.

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Retrato del Ello como Billy the kid


Billy the kid

   le disparó a un hombre por primera vez
      antes de haber nacido
         y el hombre nació.

Billy the kid
   le hizo el amor a una mujer por primera vez
      antes haber nacido
          y la mujer nació.

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El jugador de damas chinas

Cuando tenía seis años
jugué a las damas chinas

    con una mujer
que tenía noventa y tres años.
Vivía sola
en un departamento bajo
    el nuestro.
Jugamos damas chinas
todas las noches de lunes y jueves.
Mientras jugábamos solía hablar
de su esposo
que había muerto a los setenta
y bebíamos té y comíamos galletas

     y hacíamos trampa.

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Retrato del hijo de la novia en su luna de miel


El deseo
en sus ojos
monta
un caballo de Madera.

Sus pechos
son como
tacitas de té.

Y su vagina
es un conejo
de Pascua.

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Noche
Fui al Castillo a ver a la reina.
Estaba en el jardín de flores en llamas.
Te vi llegar ahí a la hora como siempre,
dijo, chasqueando un fósforo con una orquídea.
Los pétalos atrapados en el fuego y ardiendo
como las ropas de un ángel.
Saqué mi cuchillo y corté mi dedo.
Estas flores, dijo riendo,
¿no brillan con una luz hermosa?

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Cíclopes

Un vaso de limonada
viaja a través de este mundo
como el ojo de un ciclope.

Si un niño no bebe
la limonada,
    Ulises lo hará.

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Cantos en caída
1
La nieve sobre la vaca.
2
La vaca no tiene sombra.
3
La vaca se ha vuelto
nieve.

Libros y lecturas liberadas x cuarentena

Para que se queden en la casa y traten de moverse lo menos posible de ahí, evitando así el contagio y cuidándonos entre todxs, es que subo estos libros para uso y desuso público. Pronto iré subiendo clases, seminarios, traducciones y otras cosas acumuladas por el tiempo, en algún baúl virtual. De nada sirven ahí guardados.
¡A promover cultura y responsabilidad!

LITORAL CENTRAL
Audisea, Buenos Aires, 2017
BOLSAS
Hojas Rudas, Santiago, 2017.
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LOS SUEÑOS DE LOS SUEÑOS DE KUROSAWA
Cuadro de Tiza, Santiago, 2017.
[Descargar PDF]
TORDO
Editorial Cuneta, Santiago, Chile, 2014.
TORDO (primera parte)
LIMACHE250, Buenos Aires, Argentina, 2013.
[Descargar PDF]
PASEANTES
Ediciones del Temple JC Sáez editor, Santiago, Chile, 2009.
[[Descargar PDF]
EL PENSAMIENTO ZORRO Ted Hughes (Trad. Diego Alfaro Palma)
LIMACHE250, Buenos Aires, Argentina, 2013.
[Descargar PDF]

Lxs niñxs del SENAME

11/11/19 – 13/11/19

Escucho al rapero Portavoz, sus rimas son la banda sonora de todo lo que está pasando. “Nadie lo vio venir” dicen algunos “especialistas” y políticos en la TV, refiriéndose a este estallido. Pregunto: ¿insurgencia? ¿estallido? ¿revolución? ¿revuelta? ¿en serio no lo viste venir? Podríamos dar mil nombres de historiadores, intelectuales, organizaciones políticas que venían anunciando el sonido de las explosiones nocturnas, de un Santiago repleto de fuego. Podríamos empezar primero por los nombres, los miles de deudores habitacionales, los millones de estudiantes, ecologistas, profesores y profesionales de la salud que cada año son neutralizados en su discurso: se destapó la olla. Les faltó poner oreja a “El otro Chile” de Portavoz, con su velocidad, su energía frenética; les faltó poner oreja al rap de la tierra, de la tierra seca, completamente seca.

Hace unos días los vi pasar. Se enfrentaban con carabineros piedra a piedra. Yo caminaba hacia el barrio y me escondí detrás de un árbol, cuando sentí el contrataque. La victoria fue de ellos; el zorrillo (el expulsador de gases) quedaba completamente inmovilizado. Los cabros gritaban, las cabras levantaban las manos. “¡Vámonos por dentro!” dijo uno apuntando un pasaje. Corrieron. Los seguí. Ya era tarde, las marchas habían sido dispersadas en el centro a punta de operación regular: balas, lacrimógenas, gas pimienta, lanzaguas. Caminaron una cuadra delante de mí, hablando de “cachaste cómo le pegó la hueá al paco”, “brígido y estabai cagao de la risa”. Se reían honrando su tarde de triunfos. “El balín me pegó entero fuerte eso sí”. Pararon junto a un negocio de completos. “¿Cuánto hay?”. Juntaron monedas. Les alcanzaba para 3 y eran 5. Decidí esperar detrás de ellos, pedí también mi completo, alimento de los estudiantes y trabajadores a media tarde, de oficinistas cerca de tribunales, como las sopaipillas con pebre en los puentes o las arepas venezolanas en Estación Central. Compraron los 3, pidieron si le regalaban uno. No. Se sentaron en la cuneta a saborear sus trofeos. Me senté junto a ellos. Me miraron rarísimo. Habrán pensado: ¿qué chucha este loco? o ¿será paco este hueón? Sin embargo eso sólo lo pensé yo. Es más, cuando notaron que ponía atención a lo que hablaban, me lo preguntaron sin desvaríos ¿erí paco, loco? No, cumpa, le dije, andaba en la marcha. Mentí, yo sólo andaba por ahí, cuchicheando. Eso sí todo el tiempo soy sospechoso, pero esta vez preferí ir al grano, igual que ellos. Cabros, ¿y ustedes son de por acá cerca? Nosotros vivimos pal lado de San Pablo, ahí aguantamos. ¿Y se conocen de dónde, en la marcha? ¿Vai a escribir nuestra historia? Rieron, se rieron obviamente de mí y de la situación. Quizás, les dije. Y ahí una de las chicas habló: del Sename poh’, nosotros estuvimos en el Sename. Vamos y volvemos de ahí. Recordé el cartel que hizo A para salir a protestar en Valparaíso: “El Estado los evadió primero”.

El Sename es el Servicio Nacional del Menor, una de las instituciones más cuestionadas –entre tantas otras- en este momento; en 2017 se filtró un informe de la Policía de Investigaciones que se resumía así: “El Estado de Chile viola sistemáticamente los derechos de los niños que están bajo su tutela”. Ese informe fue lanzado a la basura durante el gobierno de Michelle Bachellet: 2071 abusos constatados y 310 de “connotación sexual”, replicaba el diario Ciper en julio de 2019 al filtrarse el documento. Ahora muchos de esos niños están en la calle, reuniéndose en medio de la protesta, descargando su ira a punta de pastelones y otros minerales urbanos. Es más, según una investigación sobre derechos humanos entregada por la municipalidad de Valparaíso a la comisión de la ONU afirma que desde el inicio de la crisis social en Chile fueron detenidos en esa ciudad 46 menores de edad, de los cuales 21 “han pasado o se encuentran siendo intervenidos por la red Sename”. Solo tuve que poner esas tres sílabas en el buscador de google para enterarme de esto último y de otras decenas de noticias sobre esos centros o tierras baldías extendidas a lo largo del mapa.

Estos datos me rebotan y vuelven. Los chicos no volvieron, no los vi más. Sólo compartimos ese momento, mientras cada uno trataba de concentrarse en que la palta no resbalara al suelo. Yo pedí que cortaran mi completo por la mitad y lo compartí, es mucho para mí, les dije. Me contaron de dónde venían, de sus casas que no eran casas y del número de hogares en que estuvieron, de las últimas noches que habían pasado en la calle, pero no se abrieron mucho más, la desconfianza estaba instalada: yo no venía de su mundo. Esto me gravitó sobre mi cabeza durante una semana: lo singular que los más desposeídos, los más atacados por el sistema sean aquellos que lo están poniendo en jaque. Como también pasa con las poblaciones, en Puente Alto donde se ha reprimido brutalmente a un grupo de estudiantes que se habían congregado pacíficamente –a tal nivel que el mismo alcalde denunció el hecho- o esta noche en Lo Hermida, en Peñalolén donde a punta de rifles carabineros salió en búsqueda de dirigentes estudiantiles y sociales, con un uso de fuerza filmado por los habitantes y difundido por redes sociales. De esto no habló ningún canal de televisión y la gente de a pie lo sabe; sin ir más lejos escuché a una muchacha decírselo a su madre en la micro: “yo ya no prendo la tele, mienten siempre”, a la vez que explicaba: “mira mamá ese fuego es falso, está hecho con un programa. Ese supermercado lo quemaron los pacos”. Periódicos como The Guardian, CNN o el NY Post –que uno podría tildar de conservadores- han puesto en evidencia la complicidad de los medios en esta cruzada por aplacar al movimiento, incluso este último dio clases al preparar un breve reportaje sobre los casi 200 casos de pérdida de la visión que han sufrido personas por disparos de la policía con balines de goma, apuntados directo al rostro y que la ONU y Aministía Internacional han salido a tratar como armas letales. Esto pasa en Chile y no es evidenciado y aunque el gobierno salga a poner en la mesa una nueva constitución (a su medida y sin perder pan ni pedazo) y un paquete de medidas para ser incluidas en el presupuesto del próximo año (sin jugársela por un plan a largo plazo), esta mancha de sangre no saldrá con facilidad.   

Respiro luego del punto aparte. La imagen de la mancha de sangre sobre el asfalto. La imagen de esos niños caminando por Sazié mientras bajaba el sol. También el sonido, el rap de Portavoz que comienza así: “En la noche luna llena / En el día suenan las sirenas”. La ciudad ya no es igual, realmente es un campo de batalla. No hay lugar del centro que no haya sido afectado. Me imagino a Atenas en plena crisis económica. En Buenos Aires en 2001. Probablemente en Kosovo. En La Paz las cosas tampoco se ven tan lindas y amigos me escriben desde lejos para decirme que me cuide. En Providencia las farmacias y grandes centros comerciales blindan sus vitrinas, como también el Presidente se blinda para no dialogar con los ciudadanos. En los buses se oye “¿cuándo irá a terminar esto?”. Da pa largo, contesta una voz y se oyen frenos al pasar junto a los restos de barricadas. Yo me pregunto dónde andarán ahora esos muchachos, será mejor esto qué ese infierno del que salieron ¿Quién soy yo para seguir escribiendo luego de haberlos visto perderse entre las sombras?

Nosotros, los anarquistas

8/11/19

Salimos, hacemos dedo, alguien para, “buenas tardes, compañero ¿para dónde va?”; nos abren las puertas y subimos dos, tres, conversamos, damos las gracias. En otras ocasiones hacemos parar un bus y levantamos la voz para decir “hermano, ¿nos lleva?” y pasamos obreros, estudiantes, profesionales y ancianos, no hay diferencia entre nosotros; ya arriba uno me pregunta “¿de dónde viene caminando?” y el fluir de las palabras nos lleva a la contingencia y a darnos la mano con un grito al bajar “¡hasta la victoria, siempre!”. Así somos, los anarquistas.

Nos juntamos en espacios amplios o estrechos, en casas, en centros culturales, librerías, organizamos y participamos de las asambleas. Se discuten procedimientos sobre un cambio en las reglas del juego. Se discute: unión vecinal, seguridad y acciones contra la represión de carabineros. Se discute: bases del sistema neoliberal, cómo nos afecta, cómo nos ha carcomido por dentro, cómo es la vida en otras partes del mundo, qué es lo que merecemos. Se alzan manos, ninguna pregunta es más inteligente que las otras, hay consensos, se liman asperezas. Así nos reunimos, los anarquistas.

Estamos en las calles, con lienzos, con banderas negras con una estrella blanca. Creemos en el sustrato de nuestra tierra, honramos el valor de nuestros ancestros portando banderas mapuches. “A mil la bandera”, gritan, “dos pañuelos a quinientos”. En comunidades, en gremios marchamos, en comunidades y en gremios queremos contribuir a la construcción de una nueva sociedad. A una librería entra un profesor de Punta Arenas, lleva 4 libros sobre asambleísmo: “Los llevo para discutirlos con mis vecinos y con mis alumnos, hay que fijarnos en el cómo, eso es muy importante para que nadie se reste, para que haya verdadera representación”. En su gran mayoría despreciamos completamente la intromisión de fuerzas políticas clásicas, ante todo de los partidos políticos y sus visiones verticalistas; en la brisa que pasa todos abogamos por horizontalidad. “Esto lo construimos todos o no se construye” grita un jubilado en el Paseo Ahumada, el mismo lugar donde el poeta Enrique Lihn proclamó en plena dictadura su “desencanto general”.

Nuestras armas son las ollas, nuevas o viejas, en donde alimentamos a nuestras familias. Eso hacemos los anarquistas. Somos el gran enemigo de un tirano piscópata que detesta la alteración de la “normalidad” en la que estábamos sumergidos. Ante su eclosión psíquica, las brigadas de artistas intervienen las paredes con el rostro del perro Matapacos, ícono, emblema y mascota de nuestra unidad: un quiltro, un animal de la calle que ladra y muerde al poder sin una pizca de miedo. Pero nos han detenido, nos han golpeado con carabinas, nos torturado y desparecido, nos han asesinado ¡Nos han asesinado! Y el rostro de cada uno de los caídos puebla las calles; cerca de casa un muro los sostiene en toda su extensión; un vecino, un señor de edad, cargando un carro lleno de cosas me dice “estos son los muertos del terrorismo del estado; todos ellos murieron por unos mugrientos pesos”; él se queda ahí, contemplándolos como si fueran sus nietos y otros encienden velas en las veredas de todas las ciudades.

La primavera del anarquismo es intensa y llena de hélices, de sirenas que cantan, de medios y enteros a los que nadie cree, de bocinazos, de gases tóxicos arrojados día y noche sobre las poblaciones. Pero tenemos otra arma ante ello: la antipoesía, no la de Nicanor Parra, sino la que siempre estuvo, con su sin respeto, con su posibilidad de ironizar todo, con los carteles que claman “son tantas cosas que no sé qué poner”. En los bares algunos llaman a beber a una cerveza y a dar un salud al grito de “¡Piñera conchadesumadre!”; las farmacias ofrecen el famoso mentolatum, ungüento con el que la policía justificó un video en que algunos de los suyos eran mostrados inhalado cocaína. La antipoesía se ríe de una alcaldesa que corre frente a la televisión con memes infinitos, se ríe de los intentos desesperados de la ultraderecha de formar movimientos de choque que defiendan sus privilegios de clase. La antipoesía se ríe del hackeo de Anonymous al sistema de carabineros; queda en evidencia que durante años han perseguido cientos de actores sociales, pero jamás a un narcotraficante.

De la saga “Cecilia Morel y los alienígenas” viene también Man in Black con privilegios.

Algunos de nuestros anarquista creen en la acción directa, en el ataque decidido a las estructuras simbólicas del poder: vandalizar bancos, romper farmacias, apedrear oficinas privadas de pensiones y edificios corporativos, y también a monumentos, como el huracán humano que arrasó con el memorial al teórico de la dictadura y su sistema político y económico: Jaime Guzmán. Pero como dijo una psiquiatra interpelada en plena calle por un periodista: “sé la situación, el saqueo que viene de años y de cómo le han robado al pueblo de Chile; por supuesto que no valido la violencia […] pero han sido muchos años de abusar de la gente. No avalo la violencia, pero la entiendo. Y el antisocial que nos está gobernando es el más antisocial de todos. No empatiza, no escucha, miles de personas le están diciendo por favor haz cambios, ayuda a la gente. Él se está rifando este país”.

Piñera cree que con más apriete apagará esta llama anarquista, pero los gremios están ahí para cortar los accesos a la capital y a las ciudades grandes; los camioneros, los portuarios, agricultores, médicos y enfermeros que defienden a sus pacientes del desabastecimiento del servicio público, profesores que se interponen a la policía para que no baleen otro liceo como el Liceo 7 de niñas, cobardemente atacado. Piñera cree que con apriete esta barricada se va a apagar, pero la insurgencia llegó para quedarse con sus gritos: ¡Piñera escucha, ándate a la chucha!”, “¡Evadir, no pagar, otra forma de luchar!” “Vecino, escucha, únete a la lucha!”

En fin, somos y no somos los anarquistas. Lo somos en el encanto del trabajo comunitario, en la colectivización de confiar en nuestros almacenes de la esquina, al momento de darnos una mano, de organizarnos como en los viejos ateneos de principios de siglo XX donde se jugaba la formación política y ética del pueblo. No somos anarquista porque aún pagamos cada mes las deudas que nos persiguen, las tarjetas de crédito que abundan, los altos alquileres y servicios, los intereses de los intereses, imponemos a las AFP y nuestras jubilaciones y sueldos resultan escuálidos, por más que el gobierno y el congreso realicen reformas a todo vapor (y con letra chica). Esta es nuestra duplicidad de mezclar hoy la lucha, el pan, el amor, el dolor y la deuda, el débito y la ira contra el actuar desmedido de la policía, la ira contra la estupidez de nuestros representantes, pero la confianza en que la bandera negra y su poesía se quedarán aquí plantadas por un buen tiempo.

La necesidad del arte

22/10/19

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El hombre viene así, tocando un tambor y soplando una zampoña en medio de la noche. Su paso es lento y lleva un sombrero que le tapa la cara. Viene por una de las tantas calles empinadas de Valparaíso, se alcanzan a notar lejanas las luces de otros cerros, que aunque parezcan estrellas no lo son, sino luces de casas que no pueden dormir. El viene así, con un sonido del norte, sereno, pero no resignado, de otro tiempo, de uno ancestral, tal vez de eso que llaman “el Chile profundo” y que es un lugar que fue registrado únicamente por los artistas, sobre todo por Violeta Parra. ¿Será un espectro en pleno toque de queda? ¿Un fantasma colonial que viene a visitarnos? ¿O es un estudiante que corrió todos los riesgos para estar ahí e igualmente darnos el mensaje? Para mí el registro de esa figura y su melodía es quizás uno de los más intrigantes de estas jornada y justamente en una de las ciudades que más mal lo han pasado con la acción represiva, con cédulas dispuestas a todos, bajo el brillo del sol en el mar, disparando a mansalva: perros de caza sin cazador ni presa.

No he estado en Valparaíso en estos días, pero ya lo comienzo a extrañar. Es sumamente difícil moverse alrededor del país en esta contingencia si no tienes alguien que te reciba y te salve del registro de identidad pasada la hora permitida (en Valpo a las 18:00 debe replegarse la ciudadanía). En general es difícil todo, porque la realidad está a medias. Hoy trabajé desde mi casa, pero a medias. El país se prepara para un Paro Nacional, pero aún no sabemos si es a medias o completo. Lo que sí no es a medias es la libertad: eso es acceso restringido. Pero volvamos al plan, ya que en esta crónica quiero invitar a hablar a otro por mí, quiero invitar a un poeta joven que envío este mensaje desde el puerto:

“Reprimen durante todo el día las concentraciones con lacrimógenas y balas de goma. Se han encontrado también casquillos metálicos de balas. Al parecer el marino a cargo dijo por televisión abierta: “nosotros no tenemos armas de juguetes” […] Ayer durante la noche miré por la ventana: vimos un grupo de milicos cada uno pegándole a una vieja. Vi una caravana de más de cinco camiones con más de veinte militares arriba intimidando una barricada sostenida por 4 personas a las 00:00 am […] Los puntos de resistencia son plazuela Ecuador y subida Cumming. En Cumming ayer se desplegó un camión de militares a las 13:00 más o menos. La plaza Aníbal Pinto estaba llena de gente gritando alegremente cuando vino el camión y corrieron para arriba; los milicos subieron y dispararon; durante la tarde vi como aguantaban todos en subida Ecuador, los intermitentes disparos y lacrimógenas […] Sé también que ha habido resistencia en los cerros y diferentes barrios. La gente está saliendo pese a que la reprimen con casi todo. Se hacen asambleas en las juntas de vecinos. La gente quiere conversar, definirse y estar en el lugar que está convencida que le corresponde”.

Valparaíso históricamente es una ciudad de la resistencia, más allá de todas las convenciones que se puedan hacer de ella, y es ahí donde la brutalidad se ha hecho más patente. O también más al sur, en Curicó donde fue asesinado José Miguel Uribe, un muchacho de veinticinco años, producto del accionar represivo. Ya van 15 muertos en cuatro días en todo el país: quince muertos que en cualquiera de las circunstancias estarían ahora caminando por sus barrios, sino fuera por este fracaso político. En fin: algo que recuerda a la inestabilidad del gobierno de De la Rua en la Argentina de 2001, cómplice de 39 civiles muertos en una de las crisis más dramáticas que haya tenido este continente.

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Tanta imagen vista abruma, pero volver a salir de casa y reencontrarse con la juventud aplaca cualquier índice de ansiedad. Son ellos los que están dispuestos a encender el debate cada noche, son ellos los que siguen llevando el ritmo, cuchara mediante, silbato mediante, o limpiando con sus escobas, o a puro aplauso. Estamos cantando las veinticuatro horas, incluso en sueños, porque ellos cantaron primero; incluso los que montan guardias en sus barrios: algo cantan en la mente. Es posible que estas reuniones diarias de cacerolazos sean una especie de mantra necesario, un guillatún purgativo de una sociedad demasiado atrapada en sí misma y en rutinas contracturantes de lógicas sueldo / deuda: un chileno desde que nace hasta que muere está aquejado por el discurso de la insuficiencia de lo público y de imponer los años de su trabajo a un sistema privado. Es por eso que seguir “El baile de los que sobran” es tan oportuno en esta instancia, es el único baile que nos debemos permitir, desde el barrio más “piñufla” al más “cuico”, pero sobre todo en el más “piñufla”, porque es el baile de los que no tienen razón para retroceder.

Son esos jóvenes que vuelven cada tarde desde el centro de las ciudades, con sus pañuelos, sus limones cortados y sus botellas de agua con bicarbonato, los que nos dan la batería suficiente para persistir, para no dejarnos caer como unidad: no estamos en guerra –dice un rallado en la calle- estamos unidos, y eso es justamente lo que presiona al gobierno y al congreso, porque no tienen a un representante con quien hablar, no tienen una cara, sino una gran suma, una comunidad en formación que cada día sale con más fuerza. Son las muchachas y muchachos los que aparecen como el músico fantasmal de Valparaíso para decirnos que este país tiene que cambiar y que va a cambiar. Son ellos los que encarnan el verso que el poeta Raúl Zurita grabó en el Desierto de Atacama: “Sin pena ni miedo”. Yo, al momento de escribir esta crónica, sufría el peso de tanta incertidumbre, de tanta aflicción por los registros de barbarie, por la incontención de la violencia, cuando en pleno toque de queda crucé la calle para conversar con unos sentados junto al almacen y palabra a palabra todas esas oscuridades se convirtieron en un pulso, en un aire, en un fantasma significativamente real.

INFORMACIÓN NECESARIA:

Para denuncias de violaciones a Derechos Humanos, está la página del Instituto Nacional de DH y de Amnistía Internacional Chile.

Para información fuera de Chile se ha liberado la señal de CNN Chile que es quizás el medio más parcial en esta contingencia. Otro recomendable es la Radio de la Universidad de Chile.

El futuro es un lugar extraño

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21/10/19

A Cynthia Rimsky

 

Un semáforo dado vuelta y su señal –el hombre verde que camina- patas arriba. Eso fue lo que me señaló el brasileño. Venía fumando una colilla de cigarro, seguramente recogida del suelo. ¿De dónde eres? Le pregunté: de Río de Janeiro. Estuve ahí cuando tenía quince años, pero eso no venía a cuento, porque lo que sí venía era la historia que me contó: “llevó cinco años viviendo en Chile. Aunque soy de otro país, tengo que luchar por todos; tengo que alimentarme, mantenerme cuerdo, trabajar. Estos días no he podido trabajar bien: he recogido basura para comer. Vivo en una carpa frente al metro Salvador. Ahí estoy, hago una cosita, gano plata y me mantengo, pero amigo, estoy en la calle y hoy soy un chileno y debo luchar por los chilenos”. Su cara decía mucho más de lo que me contó. En mi mochila llevaba varias mandarinas que compré al inicio de mi travesía. Le di una y me contestó: “esta mandarina la guardo en mi corazón”. Nos dimos un abrazo y seguí mi caminata: frente a mí, el Cerro Santa Lucía y una marcha que me sacó lágrimas: cada vez eran más los que ahí llegaban, con carteles, con su familia, con el sol de frente y toda una represión policial en ciernes.

En la calle Vergara me acerqué a los militares apostados en la ex – estación República. Les pregunté cómo estaban. “Agotados”, dijo uno. ¿Almorzaron? Nada. Sobrevivían con unas barras de cereales y agua. Turnos de más de diez horas y con suerte dormir dos en el cuartel. Les pregunté qué les parecía lo que había dicho Piñera sobre que estábamos en una guerra y – jaque mate- se miraron, esbozaron sonrisas y todo quedó más que claro. Ingenuo o no me fui y seguí hacia La Moneda donde me resultó más difícil hablar con la policía; esquivaban completamente las preguntas. Hasta que encontré en la calle Nueva York a una con su casco y escudo, sacando un caramelo del bolsillo. “Es que no he comido nada desde las siete de la mañana”. Eran las cuatro de la tarde. ¿Y hasta qué hora tienes que estar acá? “Hasta que esto se acabe” ¿Y si esto no se acaba más? ¿Te parece justo ese trato? “Tengo que cumplir”. Mira, te estás cayendo al suelo.

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Ya a esa altura yo era un sospechoso, pero es que en realidad todo el día había sido un sospechoso. En la mañana conversando con un chófer de micros que se había quedado toda la noche con un fierro defendiendo el consultorio del vandalismo. “Yo estaba en eso, después del medio asado con las tremendas chelas, cuando mi mujer me dijo que había fallecido su mamá… pfff… no tení idea lo que fue mi día, cabro”. Choque de manos, hasta pronto. Sospechoso por hablar con el conserje del edificio donde trabajo: “son unos payasos los que nos gobiernan, ¿cómo pueden salir a decir que estamos en guerra?”. Cuídese, nos vemos pronto. Sospechoso de conversar con una señora en el camino de vuelta que apoyaba a los chiquillos que llegaban a Plaza Italia. “Yo dejé de ver la tele. Usted no sabe, tengo el celular lleno de vídeos terribles de los militares y la policía reprimiendo. No justifico los saqueos y el lumpenaje ¿se dice todavía así? Pero es que si me paran, me voy presa”. No se va a ir presa, querida, siga en la lucha, manténgase fuerte, gracias por bancar a nuestros cabros. Sospechoso de saludar a un colectivo de artistas en calle Sazie que repartían fotos de Gladys Marin (la histórica militante comunista), completamente organizados: pertrecho de limones, agua con bicarbonato, primeros auxilios, camillas, todo lo que se pudiera buscar. “Soy de Uruguay, vecino, y aquí estoy. Nosotros damos atención y resguardo a quien lo necesite”. Gracias, amiga, toda la buena onda. Sospechoso de hablar con un ciclista que había recibido un perdigón en la cara la noche anterior, en la zona este de Santiago. Me mostró su marca: “por suerte no le dispararon a mi hermana que está embarazada y que estaba al lado mío, hueón. ¡Chucha madre! ¡Están desbocados estos culiados!”. Sospechoso de todo. Todos somos sospechosos.

Y así fue como logré dar con la Plaza Italia, a lo lejos, en una batalla que yo era incapaz de luchar, salvo imponiendo mi presencia como un número, como otro más en la gran jugada. En cada intersección las piedras y el gas lacrimógeno estaban a la orden del día. Unas chicas me bañaron en bicarbonato y volví a sentir el fuego de las barricadas. Un momento histórico, dijo mi hermana horas más tarde cuando le conté, sin embargo estos días han sido históricos y es imposible que un escritor, que una escritora no estén allí: dando la batalla de Chile, segunda parte, ojalá la final. Por eso es que me encontré a mi cumpa, el poeta y editor Juan Carlos Villavicencio, el Oscuros Ríos, con tan sólo un pañuelo y agitando, y también vi a su compañera y su hermano y a un amigo: corriendo de los guanacos, los zorrillos y esa fauna ancestral de la represión. Los encapuchados saltando sobre las paradas de micro, las banderas mapuches, más y más ciclistas, el humo del plástico quemándose, la ferocidad: reclamar esta ferocidad inaceptable de tener una serie de políticos incompetentes, irresolutos en cualquier término que –como dijo el muchacho que es conserje de mi edificio, estudiante de economía- “hoy lograron trabajar como nunca; aprobaron tres leyes históricas: la congelación del alza a las tarifas de transporte; la baja de los sueldos de los diputados y senadores; la mejora de pensiones”. Más claro, imposible: la presión del asfalto.

Sin embargo lo que pueda ser aquí contado es una parte del conflicto. Mientras escribo los chicos bailan al ritmo del caceroleo en plena calle, un amigo avisa que le quemaron la oficina en el centro de Quillota, otro de la inminencia del enfrentamiento en La Cruz, hay 11 muertos y cientos de videos que circulan de la armada irrumpiendo a balazo limpio en Valparaíso, de militares arrojando personas desde sus móviles, de policías robando, quemando supermercados, aterrorizando en las ferias libres. Mi verdulero lo dijo: “los paramos a esos hueones y eran todos pacos de civil. Creen que somos hueones los del gobierno, pero no cumpita, nos tenemos que defender entre todos porque siempre estuvimos solos”.

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La escritora chilena Cynthia Rimsky nos enseñó a todos a salir a la calle y tomar notas. Nos enseñó a conversar, a tomar fotografías, a hacer de un libro una multiplicidad de voces. Ramal es eso, Los perplejos es eso, sin embargo dentro de su literatura hay un libro bastante particular, El futuro es un lugar extraño, una novela en donde las frustraciones de una trabajadora y luchadora social se aglomeran, en una mixtura de presente y pasado, y en donde, en un momento la Caldini –la protagonista de esta historia- tiene una especie de ensoñación de una insurrección que se produce en Chile: la gente sale a la calle y lucha y se expresa libremente: abren los ojos. Esa novela hoy es el único título que puede llevar esta crónica: ¿Qué pasará mañana, Cynthia? ¿Qué va a pasar en este país mientras pasan los helicópteros? No lo sabemos, pero en la Alameda hoy se escuchaba un solo grito: “¡Chile despertó / despertó / despertó / Chile despertó”.

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EL SUEÑO ES UNA SEGUNDA VIDA – TALLER

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En 1882 se funda en Inglaterra la Society for Pychical Research (La Sociedad para la Investigación Psíquica), una organización cuyo objetivo era “examinar los fenómenos paranormales de un modo imparcial y científico”. Uno de sus grandes temas era la demostración de la vida después de la muerte, es decir, de lograr determinar las posibilidades de comunicación con seres ya fallecidos, mediante técnicas como la escritura automática, la telepatía y, por supuesto, el estudio de los sueños. Una de sus más importantes personalidades fue Frederic Myers, aunque no el más conocido, ya que por las filas de la SPR pasaron nombres como William James, Henri Bergson y Alfred Tennyson, pero Myers fue sin duda el que más avanzó en el estudio de lo que llamó “la mente subliminal”. Para él, la mente humana y la existencia no podían estar limitadas por la finitud, sino que al contrario, debían de ser canales para llevar a cabo la potencialidad de cada individuo: los registros de los sueños y las pruebas aparecidas en los ejercicios de escritura automática, demostraban que nuestro “Yo” no era único e indivisible, sino completamente múltiple. A la par con Sigmund Freud en Viena, Myers postuló la existencia de una superficie inconsciente en el ser humano y que podía ser reflotada mediante técnicas terapéuticas, que cada vez se acercaban más al ocultismo y a las prácticas espiritistas. De hecho, Myers y toda SPR se valieron de importantes médiums de la época, mujeres que ejercían de portales, a través de las cuales la Sociedad podía realizar sus experimentos de contacto. Entre ellas se encontraba “la señora Willett”, pseudónimo de Winifred Coombe-Tennant, sufragista y señera luchadora por los derechos de la mujer en Inglaterra; también pertenecía “la señora Holland”, identidad secreta de Alice Fleming, una muy conocida psíquica de la época y hermana de Rudyard Kipling, con quien colaboró en la escritura de varios de sus primeros libros, incluyendo sus famosos cuentos de la India. Myers consideraba que la función de estas médiums era fundamental para acceder a la “mente subliminal” y las relaciones simbólicas en el mundo de los sueños: dentro de eso –especulaba- podría hallarse un registro cósmico “de todo lo que había sucedido, quizás incluso de todo lo que ocurriría en el futuro”, y así hallar la clave para la inmortalidad.

Comenzamos el jueves 21 de marzo a las 14:00, en Dain Usina Cultural (Thames 1905, Palermo, CABA). 4 sesiones.

#tallerliterario #sueños #estudiodelossueños

El sueño es una segunda vida – TALLER 2019

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El sueño es una segunda vida – Primera parte
Un taller de lectura y conversación sobre los sueños
Dirigido por Diego Alfaro Palma


El sueño es una segunda vida
es un taller multidisciplinario que busca adentrarse en la tierra de lo irracional, en aquella otra vida que transcurre en cuanto cerramos los ojos. Una exploración que nos llevará a revisar distintas concepciones del sueño y que alimentaron las fuentes del arte y el pensamiento moderno. El trayecto propone el paso por el esoterismo y las sociedades secretas, la brujería y el teatro del barroco español, las visiones de los pueblos originarios de América, las aventuras y experimentos de los románticos alemanes. Cine, literatura, artes visuales, filosofía se reúnen en este recorrido hacia las puertas de la percepción.  

Duración: 4 sesiones de 1 hora y 20 minutos.

Lugar: Dain Usina Cultural.

            Thames 1905, Palermo, CABA.

Horario: Jueves de 14:00 a 15:20.

Fechas: Comienzo 21 de marzo | Cierre 11 de abril.

Costo: $1.000 por persona.

Contacto e inscripción: diego.personae@gmail.com

Programación, temas a revisar:

  • Las espiritistas inglesas y las sociedades secretas: El sueño y las máquinas para comunicarse con los muertos.
  • La brujería y el sueño en la España barroca.
  • El alma romántica y el sueño: experimentos y visiones nocturnas de los poetas alemanes.
  • Pewma: Las concepciones del sueño de los pueblos originarios de América.

Descripción

  1. La brujería y el sueño en la España barroca.

En 1621 Calderón de la Barca estrena su obra La vida es sueño y seis años después Francisco de Quevedo publica sus controversiales Sueños y discursos. El Greco había muerto dejando su Laoconte y Francisco de Góngora lo había cantado en un soneto. Los barcos del imperio zarpaban y volvían de América trayendo sus riquezas y encontrándose con un mundo de chamanes e imperios. Al mismo tiempo, la poderosa Inquisición persigue a las brujas y a los herejes que se internan en la alquimia y las visiones místicas. En medio de eso, un viejo vestido de caballero sale a recorrer los campos de la Península, lo llaman Don Quijote de la Mancha, visita pueblos y también cuevas donde aparecen mundos dignos de El Bosco. Nuestra primera parada será el contrastante universo del barrco español, entre la cacería de brujas y la transformación de la vida en sueño.

Lecturas a revisar:

De la Barca, Calderón La vida es sueño
Cervantes, Miguel de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha
Quevedo, Francisco de Los sueños
VVAA Poesía de los Siglos de Oro
Baschwitz, Brujas y proceso de brujería.
Federici, Silvia Calibán y la bruja
Michelet, Jules La bruja
Muchembled, Robert La historia del diablo siglos XII – XX

  1. El alma romántica y el sueño: experimentos y visiones nocturnas de los poetas alemanes

Entraremos en los Sueños de Jean-Paul Richter, poeta alemán que soñó con la muerte de Dios y que exploró distintas técnicas para habitar el mundo de la alucinación. También veremos el interés de Goethe por la unión entre el hombre, el cosmos, y las distintas realidades que conviven dentro del inconsciente. Será un viaje al fondo de la noche, hacia el desafío romántico de unir la vida y la obra, abrirse hacia el iracionalismo, unir el conocimiento oculto y con las fuerzas de la tierra.

Lecturas a revisar:

Beguin, Albert El alma romántica y el sueño
Beguin, Albert Creación y destino
Abrams, M.H. El romanticismo: tradición y revolución.
Safranski, Rudiger El romanticismo
Novalis Los himnos a la noche

Richter, Jean Paul Alba del nihilismo
Goethe El fausto

 

  1. Las espiritistas inglesas y las sociedades secretas: La comunicación con los muertos

 

Muchos de nuestros inventos más conocidos tienen una doble utilidad: ser un vínculo con los vivos y también con los muertos. En esta sesión viajaremos a la Inglaterra de fin de siglo XIX y comienzos del XX, para encontrarnos con las espiritistas de las sociedades secretas que vieron en la máquina un nuevo medio para internarse en el inconsciente y abrir el portal hacia antiguas formas de energía.

Lecturas a revisar:

Gray, John La comisión para la inmortalización
Pauwels y Bergier El retorno de los brujos
Bachelard, Gastón La llama de una vela.

Tesla, Nicola Firmado: Nicola. Escritos y cartas.

  1. Pewma: Las concepciones del sueño de los pueblos originarios de América.

Viaje al país del sueño náhuatl, mapuche y Selkn’am.

Los pueblos originarios de América tenían concepciones sumamente abarcantes del diálogo entre la vigilia y las visiones de los sueños, ambas realidades paralelas, en donde surgían los antepasados, los árboles y las aves enviando sus mensajes a la comunidad. Revisaremos algunas de las cosmovisiones del sueño del mundo Náhuatl de Mesoamérica, la riqueza del Pewma del pueblo mapuche y los cantos del antiguo matriarcado Selkn’am en los fiordos patagónicos. De toda esa riqueza bebieron nuestros artistas y poetas de la vanguardia.

Lecturas a revisar:

Anónimo Chilam Balam
Anónimo Popol Vuh
Caso, Alfonso El pueblo del sol
Latcham, Ricardo La organización social y las creencias religiosas de los antiguos araucanos
León-Portilla, Miguel Literaturas indígenas de México
Mora, Ziley Diccionario del mundo invisible y catálogo de los seres fantásticos mapuches
Chapman, Anne Hain
Chapman, Anne Fin de un mundo

Diego Alfaro Palma (Limache, Chile, 1984) publicó los libros de poemas Litoral Central (Audisea | Pez Espiral, 2017), Tordo (Ediciones del Dock, 2016 | Editorial Cuneta, 2014) y Paseantes (Ed. Temple, 2009), la plaquett Los sueños de los sueños de Kurosawa (Cuadro de Tiza, 2017) y el libro-objeto Bolsas (Hojas Rudas, 2017). También realizó la antología de la Poesía reunida de Cecilia Casanova (Ed. Universidad de Valparaíso, 2014) y reeditó la Antología de Ezra Pound en Chile (Universitaria, 2011). Tradujo El pensamiento zorro, prosa de Ted Hughes (Limache250, 2013) y los manifiestos del artista callejero Banksy en El copyright es para policías (Alquimia, 2018). Sus ensayos han aparecido en El horroroso Chile. Ensayos sobre las tensiones políticas en la obra de Enrique Lihn (Alquimia, 2014) y en revistas de Chile y el extranjero. Su libro Tordo recibió el Premio Municipal de Santiago en 2015 su traducción al inglés por el poeta Lucian Mattison fue seleccionada por la Academia Norteamericana de Poesía (poets.org) en 2018.; a fines de este mismo año fue poeta invitado de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México.

Reseña a la muestra: Transformaciones estéticas. Chile 60-80 (Balmes, Bru, Barrios, Núñez)

(1)Balmes-Diptico -Septiembre del 73- (1977) 196x230

José Balmes (Diptico) “Septiembre del 73” (1977) 196×230

Publicado en Arte on line 
Balmes, Barrios, Bru, Núñez. Premios Nacionales
06/03/2018 – 28/04/2018

CC Matta, de la embajada de Chile (Tagle 2786, CABA)

Curaduría: Inés Ortega-Márquez

El CCMATTA de la Embajada de Chile en Argentina presenta la exposición “Transformaciones Estéticas. Chile 60 – 80″, una muestra que pone en escena a cuatro Premios Nacionales: Balmes/Barrios/Bru/Núñez. La muestra está dedicada a 4 artistas chilenos, de una misma generación. Tres décadas de recorrido artístico de cuatro artistas que cambiaron el paradigma del arte chileno, hacia un arte más comprometido en lo político y social.

Sobre la muestra

Por Diego Alfaro Palma

La muestra curada por Inés Ortega-Márquez es un recorrido a la obra de cuatro premios nacionales de Chile (Gracia Barrios, José Balmes, Roser Bru y Guillermo Núñez) y nos transporta de los años experimentales del informalismo, a la urgencia del compromiso político, hasta la debacle del exilio tras la dictadura. Abierta al público desde el martes 6 de marzo en el Centro Cultural Matta, se presenta como una exposición imponente, que ya conmovió al país trasandino el año pasado.

Al avanzar por los espacios del Centro Cultural Matta, se percibe en uno de sus rincones un rostro conocido, ícono de los procesos de transformación americanos; pero dudamos: el enfoque es extraño, su imagen es sólo un recorte, un fragmento de la totalidad del lienzo. Retrato del Che Guevara (1968) de José Balmes pareciera decirnos que más allá de la difuminación de las figuras, de su proceso de borramiento, aunque sólo alcancemos a descubrir un rasgo, ya con ello podemos construir un registro, un fragmento de la memoria histórica.

Es el comienzo de una muestra sumamente intensa y cuya partida fue titulada como “Realismo informal en los 60”; en esta se reúnen los primeros pasos de estos cuatro artistas chilenos y su apuesta por transgredir las estéticas predominantes en la academia. Poderosamente influenciados por el informalismo de Roberto Matta y los trabajos y talleres de Nemesio Antúnez, los jóvenes Barrios y Balmes se aceran a la inclusión de elementos matéricos como el barro, el cemento o, como enAcontece(Barrios, 1967), a la laceración y mutilación del lienzo como metáfora del cuerpo femenino. Por su parte Núñez, tras su estadía en Estados Unidos, unifica el pop-art con el lenguaje revolucionario y la crítica al belicismo (Héroes para recortar y armar, 1969) y Bru sintetiza estas propuestas con el realismo, la intervención fotográfica y el lenguaje proveniente de la publicidad.

Estos cuatro son parte de una de las generaciones más importantes del arte chileno y que tuvieron como compañeros de ruta al escritor José Donoso, al fotógrafo Jorge Larraín o a los poetas Jorge Teillier y Enrique Lihn. En ese cruce de materialidades, la obra se comporta como un espacio donde convergen distintos lenguajes, como en Realidad n°24 (1965) de Balmes, en donde un pedazo de tela convive con un fondo extraído de libros despedazados y una serie de manchas, con una clara influencia de la obra de Antonin Tapies, pero también afín a esa definición de Lihn del escritor como un “antiespecialista”, y la obra como un entrecruce de discursos en conflicto, en un proyecto que se sitúa en su plano de enunciación, en su contexto.

Esto es justamente lo que reverbera en la segunda etapa titulada “La utopía de un nuevo mundo (70-73)”, periodo en donde la pintura y el grabado fueron puestos en funcionalidad política, portavoces del proceso hacia el socialismo de Salvador Allende. En este sentido La pobladora (1972) de Barrios entra en el juego de un informalismo crítico: la efigie de una mujer en la multitud y la puesta en valor del esfuerzo individual en pos del triunfo colectivo. Sus rostros en la serie América no invoco tu nombre en vano (1971) son un claro intento de dejar testimonio y al mismo tiempo de situar al ciudadano común como protagonista de un proceso transformador.

En esta sintonía Usted también puede ser bella y amada (1973) de Bru se entronca con la programación social y femenina del gobierno de Allende, ilustrando el espacio de  la mujer y usando un lenguaje icónico que Balmes lleva al extremo en su famoso y monumental No (1972). Llamado contra la sedición, la silueta de un revolver es intervenida por un grito popular, en una pieza contingente y de técnicas mixtas que logran romper y trascender su molde histórico.

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Guillermo Núñez “Recado de Chile 3 -Allí te vimos”  (1976) – 130 x 162 cms

Por último, “Exilio y resistencia” se extiende como una de las zonas más críticas de la muestra, oscura y reflexiva tanto técnica como discursivamente. Es la caída del proyecto social, su aniquilación y el posterior éxodo de gran parte de la población chilena y del grupo. El trabajo de Núñez surge como un ensayo sobre lo siniestro, en la figuración de trozos de cuerpos, contenidos óseos y formas que simulan ser humanas en la muestra de la flagelación y la tortura. Sin estar lejos de las representaciones del sadismo de Francis Bacon, el óleo Un crí (1977) o Allí te vimos (1976), intensifica cualquier demostración realista del proceso de desaparición de una persona.

En el alucinante Septiembre ’73 (1977) de Balmes, se muestra toda su potencia como artista y es una composición a gran escala de una montaña de hombres derrotados o sencillamente muertos, apilados unos sobre otros. El rojo asoma entre esa multitud como si el pintor repitiera el verso de su amigo Pablo Neruda: “Venid a ver la sangre por las calles”. El único resto de vida son dos manos que se alzan en una mezcla de pedido de misericordia y espanto. El país está dividido, el pueblo acorralado, dos franjas blancas que encierran a una franja negra, hasta casi invisibilizar sus formas.

Hacia el final los retratos de Roser Bru se cargan de protagonismo. El rostro de una mujer cuyo nombre es transformado en números (Retrato de una desaparecida, 1986) o la intervención de la famosa foto de Robert Capa del soldado republicano alcanzado por una bala, cruzan distintos momentos revolucionarios de la modernidad en un relato en donde converge el lino y la tela, el acrílico y el óleo, el texto, la desfiguración y el intento por dejar una marca que no sea destruida por el tiempo. Su propia experiencia es desplegada (como sobreviviente de la Guerra Civil Española, al igual que Balmes) y en Autoretrato 1973 se alcanza a percibir el sentimiento apesadumbrado y la mancha como corte de un proyecto vital.

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Gracia Barrios “A Rodrigo Rojas” 339×196

Cierran los impresionantes A Rodrigo Rojas (1986) de Barros y Litoral Central 73-86 (1986) de Balmes, en la búsqueda de una respuesta en el paisaje, interpelando al mar y los restos de su marea, a las rocas, a las pisadas que alguna vez pervivieron en la arena. Toda la libertad expresiva de ambos está puesta en estas obras, la silueta de formas humanas y las grandes manchas de Barros, el alucinante trazo libre de Balmes. La pregunta queda ahí sostenida y es como si desde el fondo del océano desatado se escuchara el poema “Restos” de Elvira Hernández que dice: “Los arrojaron al mar / Y no cayeron al mar / Cayeron sobre nosotros”.

La intensidad emocional de esta muestra y su poderío visual terminan haciéndonos protagonistas de extensos y sangrientos procesos políticos de nuestro continente, en un llamado de atención, pero también en la muestra de una confianza total del artista hacia sus materiales y su poder expresivo para reflejar y sopesar la extrañeza, la distancia y el dolor. Toda una vitalidad late en este recorrido por un Chile que sigue hablando desde sus calles, playas y montañas.

CCMATTA de la Embajada de Chile en Argentina 

de martes a sábado de 11:00 a 19:00hrs.